Eugenia Prado Bassi nos recibe en su casa en Ñuñoa, un espacio inundado por la presencia de los libros que se despliegan por los rincones, transformando el hogar en un auténtico taller de manufactura editorial. Entre muros cubiertos con cuadros de diversos artistas, la escritora y diseñadora gráfica de profesión lidera un proyecto donde los libros se piensan desde los márgenes. Al frente de Palabra Editorial —cuya propuesta ya abraza la diversidad profunda a través de la psiquiatría, la poesía, el ensayo, el diseño y la ilustración—, la autora chilena apuesta por un modelo que incomoda a las lógicas del mercado tradicional.
“Porque a mí me interesa la diversidad. Me interesa mucho el tejido social, saber en qué está la gente en los distintos planos, los distintos espacios de la cultura. Entonces yo no estoy solamente en la literatura”, dice en conversación con Revista Punto C.
Lejos de los ránkings de los más vendidos, el foco está puesto en las realidades postergadas. Mientras conversamos, nos muestra los libros con sumo cuidado, sosteniéndolos como si cada uno se tratara de piezas únicas y valiosas. “Esta editorial busca dar espacio a voces que no lo tienen”, explica, y pone como ejemplo a Gabriela Macaya, autora con enfermedad terminal que deseaba publicar un libro con su experiencia. “A mí lo que me emociona, lo que me alucina, es la cantidad de gente y el talento que hay y que se está perdiendo en las depresiones más terribles, porque nadie los pesca, no tienen espacio de visibilidad para mostrar sus verdaderos talentos”, reflexiona.
Esa misma vitrina se ha abierto para autores dentro del espectro autista. Para Eugenia, el corazón del proyecto radica en formar comunidad y otorgarle un valor político a la diferencia: “Son espacios para la gente que le cuesta construir su propio espacio, me voy por el cuidado”, asegura.

El cuidado es, de hecho, una veta que conoce de cerca: fue cuidadora de John, su pareja, durante los nueve meses previos a su fallecimiento, y hoy ejerce el mismo rol con su madre. En la habitación contigua se escucha su presencia sutil, un recordatorio vivo de ese lazo que se traslada directamente a su catálogo. Por eso, “me interesa construir un tejido social a partir de los libros y de la comunidad que estoy haciendo, que me parece de una riqueza muy potente, porque viene de distintos lugares de Chile”.
Al preguntarle cómo cree que estas obras irrumpen en el plano literario actual, su respuesta es tajante y cuestiona los cánones establecidos:
“¿Debería una obra producir cambios en el plano literario actual? Mi obra es completamente disruptiva de principio a fin ¿y qué cambios produce? ¿que alguna persona lo lea por ahí? ¿que alguna lo usa para una tesis? ¿para una cita? Eso no cambia nada, lo que cambia es lo que uno hace con el mover todo este trabajo. ¿Qué es ser destacado o no destacado? ¿Quién es mejor o peor? ¿Y por qué es mejor o peor? Yo tengo amigas literatas, así pero de primer nivel, con las que discuto a veces, porque lo mío va en otra línea, a mí lo que me interesa es justamente una mirada más inclusiva y no me interesa tanto el valor literario que pueda tener un texto, porque a veces el valor es que hay una vida ahí, hay una vida latiendo, hay una vida latiendo que está pensando el mundo, que está construyendo desde esa sensibilidad y eso para mí es muy valioso y no tiene que ver con los mercados”.
“Mi editorial es distinta al resto de las editoriales, a mí no me interesan ni los éxitos de venta ni publicar el mejor libro de poesía del año ni la mejor novela, porque tampoco creo en esas cosas, no creo que se midan así los textos, yo creo que cada autora tiene sus lectores y lectoras, y cada tema puede sensibilizar a alguien o no”.

El arte de hacer un libro
Además de la curatoría, Eugenia se encarga personalmente de la diagramación y el diseño de cada título en este hogar-taller. “Hago todo sola”, aclara, dimensionando el pulso de la labor independiente. “Lo que hacemos editores independientes genera un impacto potente en el mundo cultural chileno”, releva.
Ese impacto atrae a los autores de manera orgánica, casi magnética. Ante la duda de cómo llegan los manuscritos a sus manos, contesta:
“Misteriosamente llegan, nunca le he pedido a nadie que haga un libro conmigo, llegan. Yo no publico todos los libros, tengo que ver qué tipo de libro es primero. No es como: ‘hola, quiero publicar un libro, le paso mi texto, cuánto vale’. No, tengo un comité editorial de lujo detrás, porque para mí tiene que tener algún tipo de valor literario”.
Para resguardar esa calidad y mantener el delicado equilibrio entre la crudeza de las vivencias y el rigor de la página impresa, Prado se respalda en un comité editorial compuesto por figuras de la talla de Mónica Barrientos, Eugenia Brito, Diamela Eltit, Nancy Guzmán y Patricia Espinoza, además de otros de diez autores.
Con el tiempo, ha consolidado una metodología a pulso que le permite abarcar todos los frentes del proceso: “Edito los textos con los autores por zoom, entonces vamos leyendo y van apareciendo cosas, detallitos que son importantes. Hacemos un tremendo trabajo de edición. Es un trabajo colaborativo, muy respetuoso con lo que cada persona necesite”.

Su labor no termina cuando el ejemplar sale de las prensas artesanales; también colinda con la autogestión, motivando a los autores a vender sus propias obras y a activar sus nichos. Es ahí donde aparece el principal escollo de la edición independiente: el factor económico. A pesar del vasto catálogo que ha construido, prioriza la retribución de sus autores por sobre el margen de la editorial, una encrucijada financiera que busca resolver pronto. “En eso estoy ahora, tratando de ver quién me puede ayudar”, declara.
Sin embargo, el motor que la mueve entre estas paredes llenas de arte es más fuerte que cualquier balance financiero. Es una convicción ideológica sobre el ecosistema del libro: “Yo escribo políticamente, porque mis textos son feministas, porque a mí me interesa que las cosas se muevan socialmente, me interesa que cambie este sistema, así como me interesa que no existan sensaciones de maltrato (con los autores). Por ejemplo, yo toda la vida escuché: ‘no me pagan el 10%’”.




Acabo de terminar de leer la entrevista y quiero agradecer mucho tu trabajo porque siento que representa lo que hago, lo que soy, y lo que me interesa. Gracias Constanza Moncada, por construir desde del periodismo espacios viables para los libros, objetos indispensables para seguir construyendo lo humano.
Muy buena entrevista, muy buena editorial…y fantástica Eugenia Prado Bassi.
Mil gracias desde Italia!
Gracias querida Silvia, espero que en algún momento podamos vernos en Italia, sería lindo, nunca se sabe. Cariños
Excelente entrevista a Eugenia Prado Bassi su trabajo editorial es muy profesional y además su acompañamiento indispensable en estos tiempos de tanto individualismo y violencias.
Me encantó la entrevista, se percibe el trabajo a pulso que realiza Eugenia en su editorial. Tal vez es relevante mencionar que esta editorial tiene más de 50 libros publicados que respaldan esa labor admirable que realiza eugenia