Dame algo en qué creer: Candelabro, Cámara Chilena de la Destrucción y Dentadura reventaron el Foro UdeC

Una crónica de Matías Maldonado

Estamos viviendo una renovación del rock chileno. A este proceso se le ha nombrado de muchas formas. Algunos prefieren catalogarlo de escena mientras que otros rehuyen del concepto, considerando la amplitud y diversidad de las propuestas englobadas. Esa masividad complica la discusión musical sobre las definiciones, pero sirve como demostración del entusiasmo alrededor de este fenómeno. 

Y qué mejor ejemplo de ello que la jornada del viernes 21 de agosto, con el cierre de la semana mechona organizada por la Federación de Estudiantes de la UdeC en el Foro de la casa de estudios. El lugar no es casual. Para los penquistas este es un lugar de reunión, donde se concretan o formulan los planes para después. Los estudiantes de la universidad le pusieron “el ombligo», pues es una especie de hito en el mapa para orientarse. Entonces no es coincidencia que esa jornada el público estuvo conformado casi en su totalidad por jóvenes universitarios, con incluso algunos rostros que parecían sacados de la enseñanza media. 

Foto de @catitapov

La banda Dentadura abrió los fuegos. La propuesta de los penquistas está cargada hacia el slowcore y el post-rock, con secciones instrumentales que avanzan lentas pero contundentes. Su punto fuerte es la forma en que captan la desolación característica de estos géneros y la devuelven hacia el público a través de un caos ordenado. 

En junio publicaron su primer disco, Hacer extraño, e incorporaron a Rafaela Fuentes para tocar samples y sintetizadores en vivo. Franco Ibacache, bajista de Dentadura, se veía tranquilo después de su presentación. Mientras la siguiente banda se preparaba para subir, estuvo conversando con la prensa al lado del escenario. Le pregunté respecto a sus influencias y me nombró bandas como Codeine o Swans. También acotó que en el caso de Tomás y Agustín, ambos en guitarras, están interesados en el cine de terror antiguo, por lo que cree que ese gusto funciona como una inspiración más allá de la música a la hora de componer. 

“Estamos mejor que hace cinco años y ojalá peor que en cinco años más”

El segundo acto de la tarde estuvo a cargo de Cámara Chilena de la Destrucción, que viene de publicar su split El hambre y las ganas de comer junto a la banda santiaguina La estrategia del caracol. Antonio Quintana, su vocalista y guitarrista, quizás pudo intuir algo de la energía que se desató. Esto debido a que la semana anterior estuvo con su otro proyecto, Todos mis amigos están tristes, en una tocata en la Facultad de Ciencias Sociales de la UdeC. A pesar de eso, el contraste fue notorio.

Fue tan así que en varios momentos la producción tuvo que interrumpir su presentación. El público, de atrás, desbordado, se movía tanto que apretaba contra las vallas papales a los que estaban más adelante. Cuando subió alguien del staff para pedir que retrocedieran, recibió de vuelta un sonoro “chúpalo”. A pesar de un par de desmayos, la situación finalmente se calmó y la presentación continuó.

Además de los temas nuevos, la banda oriunda de Temuco presentó sus singles Buses García y Penales en el Winineleven 2002. El punto más fuerte de su jornada fue GTA Santiago, su canción más popular, lo que no sorprende al considerar que es una mezcla entre la sensibilidad del midwest emo y unos versos hechos para ser coreados por el público. 

Eso es lo que uno podría pensar, pero, según contó Antonio Quintana después del concierto, no esperaban que fuera tan masiva: “Nosotros decíamos ya, está buena, pero como que algo pasó. Además nació muy de perdedor, tipo, estoy en mi pieza, uy que la paso mal, que tengo pena… pero ahora es lo que es”.

Antonio Quintana es voz y guitarra de las bandas Cámara Chilena de la Destrucción y Todos mis amigos están tristes. También tiene el proyecto solista zapatogaze. Foto de @catitapov

Sobre la realidad de tocar en regiones, Pablo Villouta, bajista de Cámara Chilena de la Destrucción, comentó: “Hace un par de años era muy difícil pensar en cómo hacer una gira solo bajando de Santiago para el sur, y creo que hoy en día sí es posible. Es posible con harto sacrificio y hartas personas en cada ciudad que se sacan la chucha para mover la cultura. Pero creo que estamos mejor que hace cinco años y ojalá peor que en cinco años más”.

Villouta agrega que de momento tendrán un parón como antesala a su presentación en el Festival Neutral 2026, evento que reúne a varios de los artistas considerados de la denominada nueva escena. Explicaron que existe la posibilidad de que saquen más música este año o a inicios del próximo, pero prefieren no dar fechas específicas. 

La política a flor de piel 

Al ser un evento organizado por la FEC, luego de Cámara Chilena de la Destrucción, parte de la directiva estudiantil subió al escenario para leer discursos respecto a la situación política del país. El ambiente era particularmente denso. Dicho centro de alumnos publicó un comunicado denunciando que, en el marco de una manifestación autoconvocada, funcionarios de Carabineros ingresaron a la universidad persiguiendo a estudiantes. Hay registros de lo ocurrido, pero la casa de estudios asegura que no solicitó ni autorizó la presencia policial.

Esa protesta ocurrió el día anterior al concierto, por lo que estaba fresca en la memoria de los asistentes. También es curioso que, el mismo día del evento, José Antonio Kast estuviera en Concepción para participar del encuentro empresarial IMPULSA 2026. No hubo menciones directas a este hecho, pero es una coincidencia cuanto menos curiosa. 

Del Lihuén hasta el Foro UdeC

El fanatismo por Candelabro se comenzó a demostrar a eso de las dos de la tarde, cuando comenzó la prueba de sonido. Un grupo se agolpó detrás de las vallas papales puestas el día anterior. Los asistentes gritaban los nombres de los integrantes. Nahuel Alavia, el saxofonista de la banda, resaltó ese furor: “Recuerdo la primera vez que vinimos a Conce. Estuvimos en estas mismas instalaciones siendo una banda más nicho y ahora llenar este mismo lugar nos emociona mucho”.

Horas después, la banda vuelve al escenario. Matías Ávila cuenta hasta seis y empiezan con Las copas, canción que da inicio a su segundo álbum. Al ser una pieza instrumental, hay espacio para que todos los integrantes se presenten mediante la música. Le siguió Domingo de ramos, con un riff a cuatro manos entre saxofón y oboe que fue coreado como gol de la selección. 

Foto de @rarosonido

Las dos primeras canciones confirmaron lo esperable: el setlist estuvo cargado hacia el material de Deseo, carne y voluntad. Interpretaron buena parte del álbum, con momentos álgidos en temas como Pecado, donde casi todo el staff tuvo que sujetar las vallas papales por la efervescencia que generó, o con la sensibilidad de 3 flores blancas, canción donde Javiera Donoso brilló gracias a la expresividad de su voz. 

La banda sonó como una unidad. David Romero e Isidora Uribe, quienes en junio se incorporaron al grupo en guitarra y oboe, respectivamente, ya interpretan sus partes como si fueran propias. La sección rítmica, con Franco Arriagada en la batería y Carlos Muñoz en el bajo, es terreno firme desde se despliega la propuesta del grupo. Eso no significa que no destaquen por cuenta propia. Carlos, por ejemplo, resaltó con su solo en Haz de mí, y Franco logró un balance entre siempre tocar partes interesantes que no opacan al resto, pero premian a quien le ponga atención a las percusiones. 

El entusiasmo era constante. Cada cierto tiempo alguien del público surfeaba la multitud y se dejaba llevar por las manos de otros asistentes. Se vieron hasta tres en simultáneo, pero dada la masividad es difícil decirlo a ciencia cierta. A estas alturas de la noche, ya eran frecuentes las pancartas con motivos políticos. Había una que decía “no hay candelabro que ilumine este gobierno”. La más notoria se instaló detrás del escenario poco antes de que subiera Candelabro y era alusiva a la situación con Carabineros: “Protestar no es delito, torturar sí”.

Foto de @catitapov

La jornada tuvo sorpresas. Antes de tocar Cáliz, Javiera comentó “donde caben siete, caben ocho” e introdujo a Luana Campos como nueva tecladista. La banda siempre tuvo piano, acotó Franco, pero lo grababa Carlos en el estudio y debido a su labor en el bajo no podía tocarlo en vivo. Nahuel, entre risas, confesó: “ahora tenemos los fondos para sustentarlo”. 

También presentaron Corazón y Espinas de Israel, dos canciones que todavía no forman parte de ningún disco pero que ya suenan afiatadas. Sobre eso, Arriagada resaltó que últimamente se están juntando harto a ensayar. Tienen ganas de sacar el tercer álbum, dice, por lo que pretenden grabar pronto el material en el estudio.

La primera presentación de Candelabro en Concepción fue en Balmaceda Arte Joven, misma instancia que un emocionado Matías recordó en el escenario armado en el Foro UdeC, frente al show más masivo que han dado fuera de Santiago hasta el momento. No es un salto menor. Incluso si lo comparamos con su visita anterior, tocando con Estoy Bien en el Teatro Lihuén, la diferencia es significativa. Eso fue el 28 de junio del 2025, meses antes de que Candelabro publicara su segundo disco, Deseo, carne y voluntad, el mismo que desató una euforia que el viernes fue evidente.

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