Padre de dos, abuelo de cinco y bisabuelo de uno. Entre plantas y bicicletas, el miembro del Club Ciclista Cóndor decide tomar una nueva curva en su vida en el Instituto Fermín Vivaceta.
Acompañado de su hija Nancy, su yerno Marcelo y sus mascotas perrunas, Puppy y Thor, Arturo Bello de 78 años cuenta con entusiasmo su historia. Sus días inician a las siete de la mañana, con una hora de spinning entre las ocho y las nueve, salidas para realizar trámites y otras actividades “donde los tatas”, como le dice al Club de Adulto Mayor de la comuna de Lo Barnechea en la Región Metropolitana. Su jornada finaliza con las clases del Instituto Fermín Vivaceta, donde cursa segundo nivel básico de castellano, matemáticas e historia, para aprender a leer y escribir. Una vida marcada por el movimiento y la vida social, sin embargo, esto no siempre fue así.

—Me ha cambiado la vida, antes de ir al colegio no hacía nada, dormía hasta las doce —afirmó Arturo a tan solo seis meses desde que retomó sus estudios.
Nacido y criado en el pueblo de Lo Barnechea ––un sector rural y alejado de la urbe santiaguina en la década de los cincuenta ––, Arturo Bello con doce años tuvo que abandonar la escuela. Entre nueve hermanos la situación familiar se dificultaba cada vez más, razón por la que su madre decide que debe trabajar. Un panorama no ajeno a la época. Si bien la tasa de analfabetismo venía bajando desde 1920 con la Ley de Educación Primaria Obligatoria, para el Censo de 1960 esta aún alcanzaba un 16,4%.
—Resulta que cuando era chico no aprendí a leer, porque estuve como cuatro años nomás en el colegio, éramos muchos —compartió.
Trabajó como conserje muchos años y gran parte de su vida la dedicó al oficio de la jardinería hasta sus 71 años. Un trabajo que requiere una batería de conocimientos: identificar las diferentes especies, cuánta agua necesitan, cómo se relacionan con su entorno, cúal es la raíz, cuál es el tallo, cuál es la estación correcta para podar, cómo usar las herramientas necesarias. Y así, un sin fin de conocimientos que Arturo reconoce mejor que cualquiera con más de 20 años de oficio en el cuerpo.
Si bien ya no trabaja como tal, hoy continúa cuidando el jardín de su edificio, por lo que sus vecinos le dan cinco mil pesos cada uno para “ayudarlo”, agregó su yerno.
—Me gusta mucho ser jardinero, plantar y hacer macetas nuevas. Me siento contento —aseguró el hombre de siete décadas, durante la videollamada de Whatsapp.
Así como en las plantas, en el deporte también encuentra un espacio seguro. Arturo Bello es miembro del Club Ciclista Cóndor desde hace 15 años. Todos los domingos entrena durante tres horas. Entre sus hazañas está subir a Farellones y competir a nivel nacional por el Club. Por lo que volver al colegio para aprender a escribir es solo una curva más en su vida. “Todavía me cuesta lo que leo y escribo, pero ya algo estoy aprendiendo”, afirmó con tono optimista.
Hoy, Arturo Bello es cada vez más independiente para realizar trámites, ya que “está aprendiendo a leer muy bien”, aseguró su hija Nancy, quien se preocupa de ayudarle con esos asuntos. Es ese ímpetu y actitud que tanto admira su familia. En un video de instagram, publicado por Educa Lo Barnechea, en el que Arturo cuenta brevemente su historia, su nieto escribe: “Un orgullo ser tu nieto. Ya que no solo ayudaste a tener educación a sus hermanos , también sacó adelante a sus hijos y sus nietos”.
El apoyo que Arturo Bello ha recibido desde su familia, el Instituto Fermín Vivaceta y el Club Vínculo de amor, deja ver el impacto de la red de apoyo y la participación en organizaciones comunitarias en la salud mental de adultos mayores.
De acuerdo a la Encuesta de Inclusión y Exclusión Social de las Personas Mayores en Chile (2025), el 84,4% de las y los chilenos cree que “los mayores están algo o muy marginados”. Así mismo coincidió Marcelo: “Lo que se veía era que el adulto mayor estaba como más o menos abandonado”. Hoy con la participación que tiene Arturo en las organizaciones del municipio, su bienestar ha mejorado al sentirse más útil, lo que se extrapola a la familia que lo acompaña.
—Todo esto es muy bueno, que tenga una proyección de estudiar y una meta por cumplir —agregó Marcelo.
La historia de Arturo ha llegado a miles de personas. Entre ellas, al mediocampista de Colo Colo, Arturo Vidal, a quien conoció en una práctica del equipo en el Estadio Monumental ––como sostuvo su hija, lo dejan disfrutar de las bondades de la fama ––. Finaliza la entrevista con una sonrisa, feliz de compartir su experiencia, ser escuchado y seguir yendo al colegio con el apoyo de su familia y la comunidad.





Un ejemplo digno de imitar.Hay que ser muy valiente para llegar a ser mayor.Felicitaciones a Don Arturo