Soledad Abarca y su último año como directora de la Biblioteca Nacional: «Una institución así requiere muchos recursos»

El 19 de agosto se cumplieron 213 años desde que El Monitor Araucano publicara el decreto de fundación de la Biblioteca Nacional, declarando que “el primer paso que dan los pueblos para ser sabios es proporcionarse grandes Bibliotecas». Esta fue una de las primeras instituciones de la nueva República de Chile, que hoy resguarda millones de documentos y archivos que componen la sabiduría colectiva de nuestro país. 

Desde su fundación, la institución ha cambiado cinco veces de sede –pasó por los terrenos en donde ahora está el Teatro Municipal de Santiago y el Museo Chileno de Arte Precolombino, por nombrar algunos— hasta llegar a la definitiva, en Alameda 651 hace poco más de 100 años. Es allí donde Soledad Abarca, directora de la Biblioteca Nacional, recibe a Revista Punto C para esta entrevista. La conservadora y gestora de patrimonio cultural lleva trabajando más de 20 años en el Palacio de los Libros, colaborando en el área audiovisual y, los últimos tres años, dirigiendo el avance de los servicios bibliotecarios y patrimoniales de la Biblioteca. Este es su último año en ese cargo.

Más que una oficina gubernamental, su oficina es un salón. Vitrinas con libros y publicaciones de la editorial institucional decoran las paredes, el piso de madera, oscuro de tanto uso, sobresale por los lados de la alfombra que delimita el espacio para recibir visitas. Abarca termina de escribir en la pequeña esquina que ocupa su escritorio, escondida casi, detrás de libros, papeles y su monitor. Finalmente se sienta en las sillas de terciopelo verde, dispuestas para la entrevista, y responde cada pregunta sin urgencia, con el detalle que aprecia cualquier conservador. 

— La Biblioteca Nacional fue creada en la época de Independencia como un símbolo republicano, un templo de la sabiduría de Chile. A sus 213 años ¿se sigue manteniendo esta idea sobre la biblioteca o ha cambiado?

Más que un templo de la sabiduría diría que es un gran repositorio de la memoria de todo lo que tiene que ver con los productos intelectuales de nuestro país, pero también de toda la memoria cotidiana. La Biblioteca se ha ido potenciando y adaptando a los nuevos escenarios de creación y de acceso a los contenidos. Por ejemplo, a partir del 2000 la Biblioteca se involucró en el mundo digital: el 2003 creó su plataforma Memoria Chilena; en el 2005, Chile para Niños, que amplió el espectro de personas que pueden acceder al conocimiento y en el 2013 la Biblioteca Nacional Digital. Son todas plataformas que han amplificado el impacto que tienen estas colecciones en el mundo, porque lo digital nos permitió sacar de los muros a la Biblioteca, descentralizó el acceso al patrimonio documental que tenemos y además se democratizó. Ese es un trabajo permanente. 

— Lleva más de 20 años trabajando en la Biblioteca Nacional, y este año termina su periodo como directora. ¿Cómo evaluaría estos últimos tres años en el cargo? 

En primer lugar, ha sido un privilegio. Nunca me imaginé en la dirección de la Biblioteca. Una de las cosas fundamentales es darte cuenta de que hay una calidad profesional y un compromiso de las personas que trabajan acá que es maravilloso, a toda prueba. Gracias a eso hemos podido levantar proyectos que se han materializado en la cantidad de público que tenemos hoy— entre 2022 y 2025 aumentó en un 141% las atenciones a usuarios—. Hace un par de meses vi una estadística de que duplicamos la cantidad de público. Es muy notorio como la Biblioteca se ha reconectado con su público, con sus usuarios, con sus lectores. 

Hemos tenido un programa cultural que se promueve internamente por la articulación de un área de exposiciones, lo que ha sido muy interesante. Otra área que también creamos en estos años es la de educación patrimonial y vinculación, que ha hecho un trabajo muy notable con visitas de estudiantes de colegios y universitarios.

Reabrimos la sala infantil con un proyecto en conjunto a la Red de Bibliotecas Públicas que creó la Red Nacional de Guagatecas, financiado por el Ministerio de Desarrollo Social. La sala fue originalmente inaugurada en 1924, casi 100 años después se volvió a abrir. Me encanta que ese proyecto se haya materializado en estos tres años. Haber recuperado a los niños para mí ha sido muy especial, y las familias lo han agradecido.

Sala infantil en la Biblioteca Nacional.

A nivel internacional hemos brillado bastante, nos ganamos un fondo de la UNESCO, de la Biblioteca Británica y de ABINIA, que es una organización que hoy presido como directora de la Biblioteca Nacional, de 19 bibliotecas de Iberoamérica incluido España, Portugal, y hemos hecho programas de capacitación en el extranjero.

Han sido muy buenos estos años y no es algo que inventé yo, sino que retomo una larga tradición de la Biblioteca. Como trabajo acá hace mucho tiempo, siento una energía muy bonita en el espacio y en sus funcionarios. Espero que eso también impacte para conseguir más recursos, porque mantener una institución así requiere muchos recursos y nosotros lo devolvemos a la comunidad con este espacio, con calidad, con nuevos conocimientos, con nuevos libros y con nuevas colecciones online. 

—¿Qué valor tiene el archivo físico para ustedes? 

Estamos en una sociedad que nos forja de una manera, pero eso tiene muchas explicaciones en la literatura, en la poesía, en el arte, en el arte popular, en la artesanía.

Un gran ejemplo de ello es el acervo de Gabriela Mistral. Nosotros decíamos que es como la Biblia: de todo habló Gabriela Mistral, de todo ha escrito una columna, de tantas cosas, tantas personas. Ella fue muy importante, que hemos ido descubriendo poco a poco, gracias a que tenemos nuestro archivo de Gabriela Mistral y que no tenemos que pagarle a nadie, podemos verlo, está digitalizado, podemos escucharla, podemos ver algunas fotos de ella.

Entonces, cuando tú dices que algo es antiguo también me conecta con lo nuevo, con algún autor super joven que toma lo mismo y lo convierte en algo contemporáneo. Entonces, te ayuda a entender por qué somos así, por qué hay cosas que se repiten.

La obra reunida de Gabriela Mistral publicado por Ediciones Biblioteca Nacional.

—A través de estos archivos culturales conocemos la memoria cultural y más amplia de Chile. 

Absolutamente. Pero todas esas cosas toma tiempo reconocerlas y conocerlas. Lo que nosotros hacemos, básicamente, es invitar a que la gente se acerque, a que se dé cuenta de que no hay que tener un posgrado para poder leer un libro y disfrutarlo, que la lectura ocupa un espacio en tu vida, donde tú desarrollas la imaginación, el humor, la emoción. Finalmente, la Biblioteca es una oportunidad tremenda, como cada quien lo quiera disfrutar.

De hecho, la otra vez leí a Alejandro Zambra, que decía: «Yo siempre que vengo a Chile lo que más me gusta hacer es sentarme en la escalera de la Biblioteca Nacional.» 

—Dentro de la Biblioteca ¿cuál es la sala que más se visita? 

El salón de periódico. Es impresionante. Hay mucha gente que busca archivos, y la fuente primaria en cualquier investigación es el periódico. Una de las consultas frecuentes es qué pasó el día de tu nacimiento, la gente viene a buscar el diario del día que nació y le saca una foto, pide la digitalización para un regalo. 

Otro servicio muy importante es la sala Gabriela Mistral, ahí puedes acceder a la Colección Chilena, que es donde está toda la bibliografía nacional y también el Fondo General que son publicaciones hechas en el extranjero.

Otro servicio que tiene mucho público es el Préstamo a Domicilio, que ha crecido muchísimo y que además está por cumplir 140 años. Efectivamente, nosotros somos una biblioteca patrimonial, pero tenemos varios servicios que están muy cercanos a la una biblioteca pública y ese es uno de ellos. 

— ¿Cómo convive la Biblioteca Nacional con una sociedad que está hiper digitalizada?

Como sociedad nos hemos encaminado hacia lo digital, pero creo que la necesidad de conexión con las otras personas se mantiene, en especial las generaciones más jóvenes sí habitan estos espacios y el centro se está revitalizando mucho. Uno ve que la mayor cantidad de visitantes nuevos que tenemos son jóvenes, que vienen y se juntan a conversar, a tomar un café, a leer.

Hay mucha gente que lee, basta ir a las ferias del libro como la Furia del Libro, por ejemplo, que estaba llenísima. Y también entender que la lectura es algo democrático, que puedes no tener plata para comprar tu libro, pero puedes venir, hacerte socio y sacar el libro de acá. Creo que la necesidad de conexión es algo que no se ha ido y que cuando alguien lo experimenta no lo suelta.

—Para este aniversario ¿qué objetivos se están proponiendo para acercar más este archivo y memoria a la gente, desde lo presencial? 

Este edificio fue creado como un gran centro de conocimiento, que albergaba no solamente espacio para las colecciones, sino también espacios de lectura y difusión. Con los años se han revitalizado esos espacios y también han cambiado mucho.

Luego de la pandemia se produjo una baja de visitantes, por lo que el 2023 iniciamos un proceso de reconexión con el público. En el espacio donde hoy está el Café Justicia, años atrás estaba el catálogo, que eran miles de muebles con cajoncitos.

Parte de los cajoneros que conformaban el catálogo físico de la Biblioteca Nacional, cada cajón lleno de fichas con la ubicación y contenido de los títulos.

Ahora es un punto de encuentro que ayuda a darle la bienvenida a nuestros usuarios regulares, pero también a nuevos visitantes ocasionales. Ha sido un espacio muy valorado por el público.

Tenemos mucha gente joven que viene a descubrir la Biblioteca Nacional porque se comparte en redes, y también creemos que el cariño y la excelencia que le ponen, sobre todo el equipo del Café Justicia y de la librería del Fondo Cultura Económica, hace que la gente vuelva.

Cada sala o espacio tiene algo más para disfrutar que no es solamente el libro, sino que también es estar en este lugar, que tiene una historia. Actualmente todas nuestras exposiciones tienen que ver con nuestras colecciones, por ejemplo, si vas al subterráneo te vas a encontrar con exposiciones de temas de periódicos. Entonces estás en una experiencia inmersiva entre patrimonio, literatura y un monumento. Son pocos los lugares en Chile que tienen todo eso junto.

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