MUBI Fest: un espacio fácil de fotografiar pero no de habitar 

Columna de opinión
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Llegué al MUBI Fest con una lista de películas y la intención de aprovecharlo al máximo, pero un festival no se mide solo por cuántas funciones alcanzas a ver,también importa cómo se siente estar ahí entre un filme y otro, qué conversaciones te llevas y si el espacio te invita a regresar.

MUBI Fest Santiago 2026

No asistí a toda la programación, así que no puedo hablar del festival completo. Sí puedo contar lo que viví: hacia las siete de la tarde ya estaba cansada. Y, aunque el domingo había películas que me interesaban, decidí no volver. Después de mi experiencia en el espacio, me pareció que podía ser mejor ver algunas en la plataforma, con más energía y a mi ritmo. 

La primera cinta que me dejó pensando fue Sirāt, de Óliver Laxe. La idea de un padre que persigue a su hija en medio de una rave en el desierto convierte la búsqueda en una especie de descenso: avanzar por un paisaje cada vez más hostil con la esperanza de llegar a algo que justifique el camino. Para mí, ahí está el golpe de la película: el amor más puro no protege a sus personajes de la devastación, y el final no ofrece un cierre que alivie. Deja la impresión de que la ruta continúa, incluso cuando ya no queda claro qué sentido tiene seguirla.

Película: Sirât (2025) – Oliver Laxe

Esa lectura conversa con una recepción crítica dividida. Sight and Sound destacó cómo la obra convierte el sonido y la música en una experiencia sensorial dominante; una crítica de The Guardian, en cambio, la encontró opresiva y cuestionó que algunos giros dramáticos no alcanzaran suficiente elaboración. Esa diferencia me ayuda a nombrar mi reacción: la película me impactó, pero ese impacto no exige que todo espectador encuentre convincente su forma de conducirnos hacia el desastre.

Con La Bruja, de Robert Eggers, me pasó algo distinto: salí admirando las actuaciones, el imaginario y las metáforas, pero sin sentir que hubiera descifrado por completo su intención. Mi lectura tentativa es que lo “diabólico” depende también de quién tiene el poder de nombrarlo y desde qué época. En una familia que sospecha de una hija y la condena, el deseo de escapar puede sentirse como una forma de liberación y, al mismo tiempo, como una entrada a otro horror. No creo que esa interpretación agote la película; de hecho, el propio Eggers ha dicho que le interesa que convivan la lectura sobrenatural y la de una familia que fabrica sus propios demonios bajo la presión de la fe, el miedo y la represión del poder femenino.

Película: La bruja (2015) – Robert Eggers

En Voilà Varda: Cortometrajes de Agnès Varda llegué tarde: de Salut les Cubains alcancé a ver solo los últimos diez o quince minutos, así que no podría juzgar el corto completo pero sin duda lo vería completo. Black Panthers me pareció muy interesante y reivindicador; Uncle Yanco, alegre y esperanzador. Me quedó dando vueltas esa posibilidad de crear porque crear te mantiene viva, y la gracia de mirar a alguien que no coincide con la caricatura del artista y que, aun así, encarna profundamente algo de ella. Women Reply fue más duro: observar una realidad que sigue presente, incómoda de mirar y necesaria de discutir. Esa impresión encuentra un contexto en la propia selección: Black Panthers retrata una concentración política en Oakland, mientras Women Reply aborda el control de las mujeres sobre sus cuerpos y sus vidas.

Cortometraje: Uncle Yanco (1967) – Agnès Varda
Cortometraje: Women reply: our body, our sex (1975) – Agnès Varda

La batalla de Chile: La insurrección de la burguesía me resultó escalofriante. Lloré pensando en las posibilidades que la opresión va cerrando, y sentí que el registro del pasado rozaba el presente. La película terminó entre aplausos. No la entiendo como una ventana neutral: su cámara y su montaje construyen una mirada sobre un proceso histórico. Precisamente por eso, además de recordarnos lo ocurrido, permite preguntarnos qué reconocemos —y qué no— en esas imágenes. La crítica chilena ha descrito esa tensión entre el registro documental y una realidad reconstruida desde la mirada de Guzmán.

Documental: La batalla de Chile: La insurrección de la burguesía (1975) – Patricio Guzmán

En Rose, de Markus Schleinzer, la actuación de Sandra Hüller fue lo que más me atravesó: cómo cada emoción pasa por su cuerpo. Lloré frente a la injusticia, pero lo hice de igual forma frente a la humanidad de su personaje. Respecto a la relación de Rose y su hijo, yo lo leí como una seguidilla de decisiones devastadoras: no querer dejarle un recuerdo que un día duela perder. Esa interpretación es la que me dejó consternada pero además, el largometraje puede abrir preguntas sobre supervivencia, identidad y el precio de vivir bajo las reglas de una época. La crítica ha destacado justamente la actuación de Hüller y la exploración de los roles de género; ganó el Oso de Plata a mejor interpretación principal en Berlinale.

Película: Rose (2026) – Markus Schleinzer

La programación más allá de la pantalla

Entre las actividades, asistí a parte de la conversación Cine e Industria, dedicada a la producción de cine en Chile. Participaron Pablo Calisto y Javiera Palma, con Gonzalo Valdivia como moderador. Me pareció una charla algo improvisada, aunque más lograda que la siguiente. Me interesó que se defendiera la importancia del cine de autor, pero me quedaron preguntas: ¿qué condiciones materiales hacen posible ese cine? ¿Quiénes pueden contar historias sobre Chile desde Chile y bajo qué condiciones trabajan?

Me quedó la impresión de que el tema se abordaba desde una posición privilegiada, aunque no puedo presentarla como un hecho sobre sus participantes. Lo que sí puedo decir es que la conversación no alcanzó a detenerse en las barreras para producir cine. No pude escuchar la interacción con el público porque tenía que entrar a la siguiente película.


Charla: Cine e Industria – MUBI Fest 2026

La charla de Notebook figuraba en el programa como “Charla Notebook: Mundo editorial en Chile — Galio x 20s”. Me dejó una sensación de vacío: por momentos la sentí alejada de la pasión que implica creer en la moda y eché de menos un hilo más sustancioso que conectara las intervenciones. No puedo saber cuáles eran las motivaciones de sus participantes; sí puedo decir que la conversación no terminó de ofrecerme una idea que pudiera llevarme. Filmcast: Cine Coreano Contemporáneo, en cambio, me resultó más interesante. La moderación sostuvo mejor el diálogo y percibí que sus invitados tenían ganas de compartir experiencias y recomendar películas.

Charla: Notebook: Mundo editorial en Chile — Galio x 20s – MUBI Fest 2026
Charla: Filmcast: Cine Coreano Contemporáneo – MUBI Fest 2026

El espacio MUBI me pareció pequeño y más pensado para ser fotografiado que habitado. Era bonito, pero las sillas quedaban afuera y sentía que miraba una escenografía desde el borde. La experiencia sonora de Lilen, inspirada en Sirāt, me sorprendió: después de una película que me había dejado devastada, no sabía si quería bailar con esa energía. La música me interesó, pero el espacio no llegó a envolverme.

Experiencia Sonora Inspirada en Sirat: DJ Lilen – MUBI Fest 2026

La oferta gastronómica me pareció muy limitada. La pizza artesanal, acompañada de buena música, puede ser una opción genial, pero, al ser prácticamente la única, se volvía una alternativa obligada. Con las bebidas me pasó algo parecido: además de la máquina expendedora del centro cultural, no encontré opciones para quienes no somos muy aficionadas a la cerveza artesanal. También eché de menos más lugares para sentarse y una propuesta de merchandising cuyos precios me parecieran acordes con los productos.

MUBI Fest 2026

Bárbara, otra asistente, me contó que era su segundo MUBI Fest y que esta edición en Matucana 100 no le pareció tan masiva como una anterior. Fue principalmente a ver Rose y salió contenta con esa elección.

El MUBI Fest debería seguir haciéndose. Vi producciones y actuaciones que me removieron y participé en actividades que sí me aportaron; también viví momentos en que el espacio no me invitó a quedarme. No volver el domingo no significa que la programación dejara de interesarme: significa que, para mí, la experiencia acumulada ya no justificaba regresar. Un festival puede ofrecer películas valiosas y, aun así, preguntarse cómo lograr que el público quiera pasar allí el día, conversar, descansar y volver.

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