Ser editora independiente en Chile: dar voz a mujeres, el arte de hacer de todo y permanecer

Abrir caminos, dar voz a escritoras y rescatar la obra de autoras invisibilizadas son más que consignas; son las motivaciones de cuatro mujeres que han transformado la industria editorial independiente en Chile. Su labor, situada en la intersección entre el activismo cultural y la gestión, revela un panorama de resistencia y compromiso.

Una ruta de vocación y rescate

El viaje de estas editoras comenzó en puntos distintos del mapa, pero con un norte común. Verónica Vergara, periodista, llegó a Editorial Catalonia en 2004 y se sumergió en la industria desde el arte, el diseño y la edición. Hoy, como una de sus directoras, reflexiona sobre ese vínculo temprano: “Me encantan los libros desde chica. Mi familia era muy lectora, mi papá sobre todo. Entonces siempre me gustaron los libros y de repente fue una opción laboral muy interesante y me fui quedando”, relata a Revista Punto C.

Por su parte, Gladys González inició su trayectoria en 2010 desde la gestión cultural, “justo con la idea de poder difundir y promover escritoras latinoamericanas cuyos libros o publicaciones no estaban en circulación”, recuerda. Para entonces, ya había publicado Gran Avenida (2005) y se aventuraba con su propio sello, Libros del Cardo. 

Para ella, el crecimiento fue orgánico pero exigente: “Fue un proceso paulatino y grande, porque el trabajo de edición conlleva también el sostener económicamente un proyecto editorial y un aprendizaje permanente”.

Hacia el sur, en la región del Biobío, el origen de Vísceras Editorial fue igualmente simbólico. Hace ocho años, la periodista Paulina Cofré y la bibliotecóloga María José Veloz se conocieron en el Magíster de Edición de la Universidad Diego Portales. Para un ramo académico, junto a la poeta Fergie, crearon un proyecto que exploraba la literatura visceral de figuras como Teresa Wilms Montt, Emily Brontë o Emily Dickinson.

“Así nació la colección Sin Llave. Fue un nacimiento muy simbiótico y natural”, recuerda Paulina. Con cien ejemplares de cada autora en formato plaquette, dieron vida a una editorial que, hasta hoy, mantiene un ritmo de publicación constante.

Editar para romper el canon

Para este grupo de editoras, la prioridad es clara: visibilizar. Verónica Vergara observa que existe una predisposición natural hacia esta tarea: “Una tiene cierta sensibilidad a darle voz a las mujeres. Hay una conciencia no tan dogmática, pero sí una sensibilidad, como por una experiencia histórica y cultural de ponerle mas atención a las voces de mujeres. ¿Por qué esto quedó al margen? A una le gustaría aportar más desde el trabajo editorial a estar más atenta, a abrir nuevas voces, a mostrar la diversidad y rescatar voces de mujeres que vale la pena”.

González, en tanto, recalca que esta es una lucha histórica, recordando a Enheduanna, la primera persona en la historia en firmar una obra. Para la editora, el canon literario actual opera bajo una suerte de «arquitectura hostil» hacia lo femenino: “El trabajo de la edición, en vinculación con el de la prensa, es esencial para que las mujeres y las disidencias puedan tener un camino más protegido y ese trabajo pueda mostrarse”.

En Vísceras Editorial, la premisa es convertir la academia en algo accesible. “Hay una preocupación de mujeres editoras de que se lean más mujeres. Esa igual fue una de las premisas de la colección Sin Llave, que se lean mujeres que son muy conocidas en el ámbito académico, pero que a un lector de 18 años nunca ha escuchado. Es abrir puertas, ser una puerta de entrada para incentivar el fomento lector”, explica Paulina Cofré.

Aunque la visibilidad es una batalla que comienza a dar frutos, gracias a colectivos como Autoras Chilenas (AUCH+), Vergara advierte que el siguiente paso es la estabilidad: “Que sea cosa del día a día, no de la coyuntura, sino parte estable de los catálogos, que se critiquen más obras de mujeres, que se les entreguen más premios y que se traduzcan más. Es un desafío cultural a largo plazo”.

Sin embargo, Gladys González advierte que la brecha persiste en la distribución y el acceso a espacios de poder: “El problema de la distribución y la instalación de ciertas escrituras sigue siendo algo problemático. Las mujeres y las disidencias siempre han ocupado espacios, pero también son ciertos cuerpos, ciertas mujeres, ciertas escrituras las que tienen mayor preponderancia, y yo creo que eso se ha mantenido. La diferencia es que ahora hay otros tipos de plataformas en donde uno puede mostrar el trabajo, y también hay una mayor libertad. Pero creo que hay ciertos condicionamientos en la literatura, en el arte, o en cualquier trabajo en general, que se demandan. Hay algunas personas que tienen mayor posibilidad de mostrar su trabajo, de ir a ferias internacionales. Hay una mayor exhibición, pero también hay cuestiones que siguen manteniéndose igual”.

El sello de la autoexigencia y el «hacerlo todo»

Cuando se habla de identidad editorial, emergen el rigor y la ética profesional. “Me encanta el rigor editorial, tomarme tiempo para ser muy rigurosa. A mí me interesa trabajar con libros que no sólo tengan por supuesto valor ya sea literario o intelectual potente, sino que también aporten a la vida de las personas. Entonces, pongo harto énfasis en por qué publicar algo. La pregunta es el sentido de un libro y cómo puede resonar a una persona. Cómo le puede cambiar la vida”, afirma Vergara.

En Vísceras, el profesionalismo se traduce en formalidad y acompañamiento. “Nuestro sello es ser muy responsables y tomarnos esto muy en serio. Para nosotras de verdad esto es nuestro trabajo. Hemos descubierto que hay muchas editoriales que de repente no hacen contratos y para nosotras es muy importante hacer uno con nuestro autor. Lo mismo con las traductoras, es parte de ser responsable y de ser también profesionales. Darle esas garantías a tu contraparte”, señala María José Veloz. Paulina añade: “También yo diría que tratamos de acompañar a nuestros autores en todo el proceso de edición, no solo el trabajo del manuscrito, sino también en el diseño del libro, la gestión de prensa y el lanzamiento”.

No obstante, el camino ha sido empinado. “No teníamos redes, empezamos desde cero”, confiesa Veloz sobre sus inicios en círculos literarios cerrados. A esto se suma el fenómeno de la «multifuncionalidad»: estas mujeres no solo editan; también diseñan, diagraman, gestionan la prensa y llevan la contabilidad.

“La multiplicidad de labores que una tiene es agotador. Siempre tienes que trabajar mucho más, como constantemente estar haciendo notar que tu trabajo es válido. Eso en todos los aspectos de la vida. En una mujer o en personas disidentes, que son parte de las diversidades sexuales, yo creo que el tener que hacer mérito constante es un camino que se vuelve cuesta arriba”, reflexiona Gladys González, advirtiendo que “el agotamiento permanente es algo que hace que un proyecto editorial deje de existir”.

La supervivencia como concepto

Hoy, la edición independiente en Chile se define bajo el concepto de precarización. Gladys González prefiere el término «microeditorial» debido a la fragilidad del modelo: “Nuestra forma de trabajo es de supervivencia. Es un concepto de la sociología como a nivel de mercado, de cómo va funcionando un negocio, entre comillas, que no es un negocio, porque en realidad, no se gana mucho dinero o solo se lo imprime”.

Para Vísceras, los fondos concursables son un alivio necesario, aunque la incertidumbre en los pagos dificulta cualquier plan a largo plazo. Esto obliga a muchas a mantener jornadas dobles. “La edición independiente en Chile no da para vivir. Entonces muchas se desenvuelven en un trabajo de tiempo completo pagado, en el trabajo en el hogar y también en el trabajo editorial que están haciendo. Hay muchas mujeres también que están en esa”, explica María José Veloz.

Al final del día, el trabajo editorial se entrelaza inevitablemente con la vida doméstica y la maternidad. Verónica Vergara concluye con una reflexión sobre esa conciliación forzada: “Las mujeres también tenemos el ámbito, entre comillas, de maternidad y doméstico que de repente en un trabajo más tradicional… Yo tenía la fortuna de estar en una pyme que es familiar, entonces me permitía un poco más poder moverme en todos los ámbitos en que nos movemos las mujeres, que son muchos”.

Sostener un catálogo independiente en Chile parece ser, ante todo, un acto de fe y un ejercicio de resistencia colectiva.

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