Desde pequeña, Daniela López ha sido inquieta. Si bien era tímida en la infancia, en el teatro encontró una salida. “Esa posibilidad de ser otra persona por un rato me parecía muy entretenida e interesante. Cuando recibí esta aprobación de mis pares, respecto a tener dedos para el piano, fue muy gratificante, también de creerme más el cuento y sacar más personalidad”, recuerda en Revista Punto C.
Cuando tenía 15 años, la puentealtina audicionó para una obra llamada Paisajes para no colorear, de la compañía La Re-sentida, dirigida por Marco Layera y Carolina de la Maza. Quedó en el papel.
El tema era la violencia de género en la adolescencia. “Se estrenó en el GAM en el 2018 y justo estaba el mayo feminista, muy fuerte todo eso, y a la obra le fue muy bien. Estuvimos en Santiago a Mil ese año y al siguiente, cuando yo tenía 16 o 17 años, hicimos giras internacionales”, recuerda la actriz.
“Fue muy significativo para mi adolescencia, conocer un poco el mundo, viajando a otros países haciendo teatro. En ese momento no le tomaba la importancia profesional, ahora que estudié teatro, digo que heavy, he estado en teatros donde muchos actores quisieran estar hoy. Fue una experiencia muy linda, y después de estar básicamente toda mi media en esa obra, era muy evidente que eso era lo que yo quería hacer”, reflexiona.
El camino era claro. Ingresó a estudiar teatro con el apoyo de su familia.
“Siempre existe este temor de los padres que su hijo se dedique a algo del arte, porque: ‘no vas a tener plata, ni pega…’ Pero claro, siendo tan chica y estando en una obra que le estaba yendo tan bien, creo que eso también reafirmó su apoyo”, rememora.
La actriz de 23 años, que saltó al reconocimiento público tras protagonizar La Ola de Sebastián Lelio, está inmersa en tres proyectos teatrales en simultáneo, mientras termina los últimos ramos de la universidad.

Si bien la película fue uno de los puntos álgidos de su carrera, la considera el inicio de un proceso más largo.
“Audiovisualmente sí me ha abierto puertas para hacer casting o para visibilizarme. Creo que también a mí misma me auto abrió puertas, de saber de lo que puedo ser capaz. Como nunca había grabado una película, al menos musical, en mi cabeza yo no tenía esas habilidades tan desarrolladas. Claramente hubo harto ensayo antes del rodaje, y fue una gran escuela grabar la película en sí misma, me entregó herramientas y una autoconfianza que yo agradezco mucho a la hora de enfrentarme a nuevos rodajes o nuevos castings. Obviamente no desde la superioridad, porque creo que uno nunca deja de aprender y me encantaría seguir haciendo proyectos, hacer cursos de audiovisual, pero también creo que me ha abierto puertas para saber de lo que puedo ser capaz”, medita.

El presente
Hace poco presentó su obra de egreso, La Elegida, producida por la compañía Escena 7, que creó junto a compañeros de universidad. Antonia Portales “había escrito una obra que tenía muchas ganas de montar. Con los chicos que estamos en la compañía, que somos cinco, siempre hemos tenido una amistad y un feeling de trabajo. Nosotros le dijimos que sí al tiro, leímos la obra, la empezamos a ensayar y la estrenamos en octubre en Chucre Manzur”, relata López.
La obra sigue un reencuentro familiar entre tres hermanos y un cuñado, durante una celebración de cumpleaños. “Es una obra muy realista”, describe la actriz. Durante abril e inicios de mayo, presentaron tres funciones en el Ciclo Compañías Jóvenes UC, en el Teatro UC. “Fue importante para nuestra compañía, que está recién empezando y que tiene muchas ganas de seguir”.
Y siguen. Ahora están trabajando en su segunda obra, La once comida, escrita y dirigida por Daniela López, en la que se suman dos actores más al elenco. Según explica, trata de una madre que convoca a sus tres hijos para contarles que se quiere casar con su cuidador.

“Ahí empieza el conflicto de la obra. Cuando la escribí tenía muchas ganas de hacer comedia y de usar el ritmo en escena. La hice también pensando un poco en la historia de la familia, en la radiografía de Chile, de los prejuicios que existen. Hay un hermano, por ejemplo, que es muy homofóbico, hay otro que es muy xenofóbico. También está el que es como muy ñuñoíno, que es muy progresista, pero también desde esa mirada termina siendo muy moralista con el resto de la familia. Entonces ningún personaje se libra de la burla o del chiste. Nos hemos entretenido harto montándola”, explica.
Porque escribir y dirigir una obra no era suficiente, también está desarrollando Las voces de mi madre. “Este año me lancé a dirigir con todo, lo que ha sido muy desafiante, pero que tenía ganas de hacer hace mucho tiempo”, reflexiona.
La obra fue seleccionada para la temporada 2026 de Teatro El Puente, donde se espera que se estrene en septiembre. “Fue muy importante para el equipo porque nos encanta este teatro. Nos encanta su curatoría y además es una obra muy atingente a la situación política. Es un equipo grande también. Somos diez personas en total, donde hay siete actores en escena y un músico”.
“A esta obra le tengo especial cariño porque es un poco documental, está basada en las vivencias de mi mamá. Relata la historia de Mariela, que vivió su infancia y adolescencia en los setenta y ochenta, en el contexto de dictadura, en una casa que no era de su familia, ya que era hija de la nana. Siempre vivió un poco siendo testigo de su propia historia”, expone sobre el drama que encarna un amor adolescente.

Foto de @pez_vasquez
Alejada de la dirección, en el papel de actriz, dará vida a una joven Gabriela Mistral en la obra Neo Gabriela, escrita por Rae del Cerro y Violeta escribiendo, una puesta en escena que pone en primera línea el lesbianismo de la ganadora del Nobel, quien reencarna en su cuerpo de joven y se reencuentra con un amor.
“Es bien interesante, creo que también es una obra pensada como un regalo a todas las disidencias, en el sentido que siempre el lesbianismo y la homosexualidad de los artistas ha sido tapada en la historia”, analiza López.
Se espera que Neo Gabriela se estrene en julio en el Teatro Camilo Henríquez.
En medio de todos los proyectos, la joven actriz espera el estreno de una teleserie vertical que grabó para Televisión Nacional de Chile (TVN), bajo la dirección de Pablo Greene. “Fue una experiencia bastante entretenida. Nunca había grabado nada así, en formato televisión, que es mucho más rápido. En el cine, cuando grabé La Ola, grabamos dos o tres escenas diarias, teníamos mucho tiempo, y aquí eran como 15 escenas diarias, entonces era como una maratón”.
Seguir explorando lo audiovisual es una de sus metas. “El año pasado fui parte de un rodaje de una película que no sé cuándo va a salir, debería ser luego, que se llama Hijas únicas. Igual hice un personaje pequeñito, pero también era, curiosamente, una película también bastante feminista”, revela.
Tanto Paisajes para no colorear, como La Ola, fueron proyectos esencialmente feministas. Si bien para Daniela la perspectiva de género es fundamental, no ha buscado de forma exclusiva proyectos de ese tema.
“Cuando hice el casting de La Ola no tenía idea de qué se trataba. Cuando hice el casting de esta obra sí sabía de qué se trataba y a mí me interesaba ese tema. Creo que igual el feminismo ha sido algo importante en mi vida, sobre todo en mi despertar como persona y en las preguntas que me hago actualmente. En cierto punto siempre va a estar en las cosas que haga, si no es hablar de feminismo en una obra, creo que también es muy importante pensar en la perspectiva de género en las formas que uno trabaja, en el trato, en todo lo que está detrás de una obra. Creo que incluso es más importante que hablar de feminismo”, concluye.


