Círculo de amor

Del dolor a la esperanza: el Círculo de Amor que ayuda a niños con cáncer

Ayuda desinteresada. Eso es lo que hace Katherine Toro Jara, una penquista de 41 años, estudiante de trabajo social, directora y fundadora de Círculo de Amor, una organización que busca alegrar la vida de niños con cáncer que reciben su tratamiento y a sus padres. Con juegos, dinámicas y un buen desayuno, la estadía en los fríos pasillos del Hospital Guillermo Grant Benavente en Concepción se vuelve más liviana.

Las ganas de Katherine de ayudar a pequeños con esta ruda enfermedad nacieron hace 4 años, tras conocer la historia de Martín Pino, un niño de la comuna de Coihueco, en la región de Ñuble, que viajaba a Concepción para luchar contra el cáncer en el hospital regional.

La directora de la organización cuenta que la conexión con él fue inmediata. Tan solo con ver las campañas de ayuda de su familia en las redes sociales, “hizo clic”.

“Quise saber un poco más de él y me contacté con su mamá y a través de ella empecé a ayudar. Luego de Martín fueron apareciendo otros niños a los cuales empecé a ayudar de a poco y dije: ‘Hay que hacer algo’. Y un día una persona me dijo: ¿Sabes qué? Qué lindo lo que haces con los niños. Siento que esto es como un círculo de amor’”.

Fue así como decidió el nombre de la organización que hoy ayuda y acompaña desde la misma camilla de hospital a niños con cáncer y a sus familias en el servicio de Oncología del hospital. 

Su acción de solidaridad provocó la llegada de otras personas motivadas por ayudar. Hoy son 14 las voluntarias, entre ellas, trabajadoras sociales, educadoras, estudiantes de enfermería y nutrición.

Círculo de amor

A las 9 de la mañana, el sonido de las ruedas del carrito de desayunos de Círculo de Amor indica que llegó la hora de comer.

Los comensales, muchos de ellos que se levantan a las cuatro de la mañana para viajar horas hasta el hospital regional, están listos para su café, milo o té y un pan o queque para calmar los nervios y amenizar la espera.

Aquella es solo la primera acción de acompañamiento del día, la cual padres e hijos esperan todos los lunes y viernes de la semana.

Una vez dejadas de lado las migas del pan y queques, llega el momento más divertido de la mañana: las actividades lúdicas creadas con amor, creatividad y entusiasmo por las voluntarias o, como los niños y padres las llaman, “tías”.

Las celebraciones de cumpleaños no cesan por estar en una camilla. El cumpleañero disfruta de la fiesta, mientras sus invitados, sentados en sillas, colorean y dibujan en las mesas y gozan de la música u observan videos proyectados en un data.


Mientras los pequeños disfrutan, un grupo de voluntarias se acerca a los padres que toman desayuno para darles palabras de aliento u orar.

“Las tías se quedan con los niños haciendo la actividad y los papás salen y se sirven desayuno  porque son papás que se quedan con ellos en el hospital. Cuando los niños están hospitalizados, los papás se quedan  esperando y durmiendo 24/7 sentados en un sillón. Es una realidad diferente”, lamenta la fundadora de Círculo de Amor.

Pero tampoco dejan de lado a los padres: “Nosotros manejamos un grupo de WhatsApp con la familia porque somos una agrupación muy cercana. Compartimos mucho con ellos. Entonces, hacemos cadenas de oración, contención espiritual y emocional, y eso también les ayuda a los papás a poder sobrellevar esto de una manera un poco más en paz y con optimismo de que las cosas pueden mejorar”.

“Por eso decimos que lo de nosotros es un acompañamiento, porque nosotros vivimos el proceso cuando el niño está en su quimioterapia, jugamos con ellos, reímos con ellos, lloramos con ellos, compartimos con ellos dentro del lugar donde enfrentan su tratamiento. Cuando están hospitalizados, también estamos con ellos. Entonces estamos ahí insertos en el lugar donde ellos pasan 24/7 su tratamiento”, explica Katherine.

Ese cariño lo vivió y sigue experimentando en carne propia Yenifer Bastías, su esposo Gustavo Cifuentes y su hijo Ángel, con el caso de su hija pequeña, Isabela.

En 2024, cuando solo tenía tres años, a Isabela diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda. Desde entonces permaneció en el hospital regional bajo tratamiento médico, donde ella y su familia conocieron a Katherine y su organización.

“Círculo de amor no se enfoca solamente en el niño. Claramente le hacen muchas actividades y cosas así, pero ellos llegan al papá, al hijo, al hermanito, a quien esté. No hacen la distinción solamente con el niño. Ellos se preocupan de lo más mínimo del resto”, confiesa Yenifer.

No nos dejan solos. Ellos forman parte de nuestro grupo familiar”, asegura la madre de Isabel, quien recién este año tuvo el placer de tocar la campana que le avisaba al mundo que había vencido el cáncer.

Yenifer recuerda aquel día, hace solo unas semanas. “Tocamos campanita con la Isabela, y ellos tampoco nos han dejado solos en estos momentos tampoco. Ellos siguen, siguen el camino porque el camino no termina solamente cuando uno toca la campana”.

Por lo mismo, la madre de Isabela cuenta que “la tía Kati de repente me manda un mensajito, una llamadita, un audio y me pregunta: ‘¿Y cómo está la Isabelita? ¿Cómo está Ángel? ¿Cómo está tu esposo? ¿Cómo estás tú?’ Y son llamaditas cortas, mensajitos cortos que a uno le alegran, le alegran la mañana”.

Apoyo en la fe

Ver a niños sufrir por los tratamientos o con una sonrisa en su rostro pese a su estado frágil es un impacto emocional que Katherine reconoce. Por lo mismo ha buscado apoyo en la fe para no decaer.

“Tengo tres hijos. Entonces, para mí el tema del cáncer igual es complejo porque cuando uno ve a los niños, ves a tu hijo reflejado en uno de ellos. Es algo que uno no puede evitar”, confiesa.

Pese a aquel impacto, Katherine confiesa que no ha buscado ayuda psicológica, pero sí se ha refugiado en la fe: “Soy una persona muy creyente, con mucha fe en Dios, y siento que él me ha fortalecido para poder acompañar a los niños durante este proceso. Al principio fue muy difícil porque pensé que no lo iba a poder hacer porque fue muy impactante ver a niños conectados, con sus catéteres, con quimioterapia, con las punciones lumbares, que es algo tremendo a lo que los niños se someten. Para ellos también es algo traumante”.

Por lo mismo, sabe que “Dios me sostiene en todo este proceso y con el tiempo entendí que cuando uno puede aportar o ayudar a otros, uno tiene que darle otro vuelco a las cosas, no pensar solamente en el sufrimiento. Porque cuando llego allá, no llego con esa mirada de que los niños van a fallar”.

Finalidad de educar

La organización posee todos sus papeles y legalmente es una corporación oncológica que trabaja en conjunto con la Seremi de Salud de la región de Biobío, con el Servicio de Salud y con agrupaciones vinculadas al cáncer. Pero, recientemente, decidieron ir más allá.

Katherine cuenta que serán monitoras sobre el cáncer con el fin de ir a colegios y enseñar a los estudiantes sobre la prevención del cáncer infantil.

“Nuestra focalización está un poco más allá. No solamente el acompañamiento, sino que también educar a la gente para que la gente también pueda ayudar con conciencia, porque muchas veces ayudan por lástima o dan lo que les sobra”, critica. Por lo tanto: “Nosotros queremos educar a la población de que cuando nosotros damos algo, lo damos realmente de corazón, no por lástima ni por pena”.

Los desafíos

También revela que requieren de apoyo constante de voluntarias para ampliar los días en los que van al hospital a interactuar con los niños y necesitan ayuda económica y socios, cuyo aporte sea garantizado cada mes.

Aquello beneficiaría a los padres a costear alimentación y gastos de traslado a Concepción cuando los pequeños son de otras regiones o localidades.

Además, serviría para costear materiales: “El tema de materiales también es importante porque nosotros trabajamos mucho el hacer manualidades con los niños. Nos sentamos con ellos, dibujamos, pintamos, recortamos. Les encanta hacer slime, les encanta jugar con témpera, aman jugar, se pintan las manos, nos pintan las manos a nosotros”.

Por ello, siempre que realizan una actividad, las hacen públicas en sus redes sociales, “pero por una cosa de que la gente tiene muchas veces estigmatizado que oncología es un lugar de muerte, de llanto, de dolor, pero adentro tú te vas a dar cuenta de que se vive de todo. Todas las emociones”.

Katherine confiesa que Círculo de Amor ha sido un aporte para niños y sus padres, y sus ganas de hacer más están en su cabeza constantemente.

“Nosotros prestamos el servicio de trabajar con las familias que se quedan acá, pero no tenemos un lugar físico. La idea es tener algo físico para poder trabajar con profesionales, con psicólogas, con otro tipo de profesionales que puedan ayudar a las familias durante el proceso. Poder ser una organización, obviamente, que acompañe durante el tratamiento, poder entregar un bienestar a la familia, pero también educar a la población”, dice optimista la directora de Círculo de Amor.

Si te removió, comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *