Irene Morales.

Irene Padilla: “Mi idea no era hacer una heroína de juguete que no viviera los efectos de la violencia de la guerra”

Cuando pensamos en la Guerra del Pacífico por lo general se nos vienen a la cabeza héroes como Arturo Prat, Ignacio Carrera Pinto, Manuel Baquedano o Pedro Lagos, quienes cumplieron distintos roles militares. 

Pero existe una figura que no suele ser nombrada con la misma frecuencia y que, con el paso del tiempo, fue quedando relegada de los relatos de este conflicto. 

Nos referimos a Irene Morales.

Irene del Carmen Morales Galaz (1848-1890) fue una mujer destacada que se desempeñó como cantinera y soldado en el Ejército de Chile durante las distintas batallas de la Guerra del Pacífico. Antes de llegar al campo de batalla, Irene era costurera en Antofagasta, una vida que cambiaría tras el inicio de la guerra.

Fue precisamente esta historia la que llamó la atención de la escritora Irene Padilla, quien convirtió a Morales en la protagonista de su novela La costurera de la calle Lamar, publicada el pasado 1 de septiembre por Editorial Planeta.

La costurera de la calle Lamar es la primera novela centrada en la vida de Irene Morales, cuya figura ya había sido abordada en obras como El álbum de la gloria de Chile, de Benjamín Vicuña Mackenna (Imprenta Cervantes, 1883-1885), y La presencia de la mujer chilena en la Guerra del Pacífico, de Paz Larraín (Ediciones Centro de Estudios Bicentenario y Universidad Gabriela Mistral, 2006).

Padilla menciona que la figura de Irene Morales ha ido perdiendo relevancia con el tiempo, y que fue precisamente ese olvido el que la motivó a colocarla al centro de la historia.

“Quería hacer una novela sobre la Guerra del Pacífico y ella surgió como una buena protagonista. En su tiempo fue muy famosa, pero luego esa fama se fue desvaneciendo, a medida que otros héroes del Ejército chileno en la guerra fueron aumentando su fama. Fue una manera de hacerle justicia”, menciona Padilla.

Sin embargo, la vida de Morales no se limitó a su participación en la Guerra del Pacífico. Antes de convertirse en cantinera y soldado, tuvo una vida marcada por distintos episodios que dan cuenta de una historia tan intensa como poco conocida.

Tras quedar viuda por primera vez en 1877, Morales se trasladó a Antofagasta en búsqueda de nuevas oportunidades. En esa época, la ciudad estaba bajo soberanía de Bolivia y albergaba una creciente comunidad de trabajadores chilenos atraídos por el auge del salitre. Allí continuó ejerciendo como costurera y conoció a su segundo marido Santiago Pizarro, músico chileno que formaba parte de una banda militar boliviana.

En septiembre de 1878, Pizarro fue condenado a muerte tras asesinar a Felipe Núñez, integrante de la misma banda, y fue fusilado por las autoridades bolivianas el 24 de septiembre. Este episodio marcaría un punto de inflexión en su vida, apenas unos meses antes del inicio de la Guerra del Pacífico.

Irene Padilla, autora de La Coaturera de la calle Lamar

Padilla quiso integrar este pasaje de la vida de Morales en La costurera de la calle Lamar  como una forma de visibilizar una parte de los sucesos que han sido relegados en los libros de historia.

“El desembarco de las tropas chilenas en el puerto boliviano es solo una línea en los libros de historia, pero eso para ella fue un giro en su vida. Por eso la novela en su primera parte se centra en la vida de ella antes y después de este desembarco” , afirma la autora.

Cuando las tropas chilenas desembarcaron en Antofagasta en febrero de 1879, la vida de Irene Morales volvió a cambiar. Durante la Guerra del Pacífico se incorporó a las fuerzas chilenas como cantinera y posteriormente como soldado.

Sin embargo, la novela no basa su relato exclusivamente en mostrar a Irene Morales como una figura de la Guerra del Pacífico, sino que aborda a una mujer atravesada por duelos, abusos, violencia y decisiones difíciles, poniendo el foco en la persona detrás del personaje histórico.

“Mi idea no era hacer una heroína de juguete que no viviera los efectos de la violencia de la guerra, sino que este personaje estuviera inmerso en todo ese mundo peligroso que se desata. Por eso el libro trata este viaje que hace esta mujer de ser una costurera a un soldado. Eso no es fácil, ir a la guerra no es una decisión cualquiera para una mujer”, declaró Irene Padilla en conversación con Punto C.

Para la autora, relatar las escenas de guerra fue uno de los desafíos al momento de escribir la novela, debido a la dificultad de poner en palabras cómo una mujer del siglo XIX podía experimentar y percibir la guerra desde su punto de vista. 

“Si realmente quieres ver la perspectiva de una mujer en una guerra, es todo doblemente difícil y peligroso, aún más si la llevas a un campo de batalla. No es fácil sostener un fusil de la época y menos dispararlo. Y de ahí a matar, también hay un trecho importante. La guerra de cierta forma transforma e incluso se podría decir que enloquece a quienes la viven, y eso quise experimentar con este personaje” , señala Padilla.

Irene Padilla comenta que La costurera de la calle Lamar también busca recuperar la figura de Morales y acercar al lector a una mujer cuya vida merece ser conocida:

“Irene Morales es un personaje sumamente digno. Hay algo en ella que la hace admirable de manera constante, incluso cuando está pasando por los peores momentos”, cierra.

La mujer detrás de la heroína 

Más allá de la Guerra del Pacífico, la escritora puntualiza que buscó retratar a una mujer con una vida poco convencional para la época y que aquello fue el gatillante para poder traer a la palestra la figura de Morales. 

“Ella siempre fue aventurera, se iba cambiando de lugar para vivir, de Valparaíso a Antofagasta, de ahí a Lima para morir en Santiago. Era una mujer decidida que estaba en busca de algo. Eso dice mucho de ella, tenía una personalidad intensa (…)”

Morales no es la única mujer de la historia chilena en quien Padilla se inspira para hacer una obra literaria. Antes de ella estuvieron Isabel Riquelme, madre de Bernardo O’Higgins, con Cartas al mar (2022), de Editorial Planeta, y Cora Mayers Glehy, una de las primeras mujeres médicas en Chile, con Cora 1931 (2025), de Editorial Cuarto Propio. 

 Y aunque todas estas protagonistas se desenvuelven en momentos históricos diferentes, para Padilla todas tienen algo en común: una vida intensa más allá de lo que se conoce. 

“Son mujeres de vidas intensas. Si fueran personajes históricos muy conocidos, pero con vidas aburridas, simplemente no me dan para una novela. Yo busco intensidad, luces y sombras, vidas distintas. No todos los personajes históricos dan para escribir un libro”, explica.

Para Padilla, sus novelas permiten acercarse a personajes femeninos de la historia de Chile que no suelen ser tan conocidos y conocer también las historias que existen detrás de ellos. Más allá de lo que hicieron o aportaron en sus distintos contextos históricos y sociopolíticos, la autora busca mostrar quiénes fueron como mujeres y las experiencias que marcaron sus vidas.

Actualmente Padilla se encuentra investigando la vida de una desconocida monja chilena del siglo XVII y a pesar de que comenta que “no tiene muy claro lo que va a salir de ahí”, sí considera que es importante reconocer a todas esas mujeres chilenas que han ido quedando de a poco en el olvido.

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