Durante años hemos visto, una y otra vez, el mismo programa en todos los canales. Cambian los nombres, cambian los conductores, pero el formato es prácticamente el mismo. Los programas de viajes terminaron convirtiéndose en el estándar de la “cultura” en la televisión abierta, y en ese proceso, estos espacios fueron perdiendo identidad y mirada autoral.
Antes no daba lo mismo qué ver. No era igual Al Sur del Mundo que La Tierra en que Vivimos, o más adelante Frutos del País.
Cada uno tenía una voz, una intención, una forma de mirar el territorio. Hoy, en cambio, todo parece responder a una misma lógica.
En medio de la crisis televisiva de los 2010, la hegemonía de Lugares que Hablan terminó por convertirlo en la norma. Y lo que alguna vez fue una propuesta con sello propio, hoy se replica hasta el cansancio, aunque con menos éxito.
La mecánica es la siguiente: un famoso viajando por distintos rincones del país “viviendo” por algunos días la realidad local, probando comida típica, sorprendiéndose con los paisajes e historias, o recorriendo el mundo para compartir datos curiosos y de viaje. Fórmulas bastante efectivas, pero tremendamente repetidas. La cultura en televisión abierta terminó transformándose en una experiencia donde importa más la reacción del conductor que el lugar y las historias que se intentan mostrar.
Sin embargo, en esta homogeneidad han surgido excepciones interesantes. Programas que logran diferenciarse porque sus realizadores entendieron que la clave no está en solo mostrar, sino en hacerlo con una mirada propia.
Uno de esos casos es Siempre hay un chileno, el espacio de Canal 13 tomó parte de la esencia de Los Patiperros (1997) de TVN, pero la actualizó y salió a buscar compatriotas que viven fuera del país. Su principal gracia está en descubrir distintas ciudades del mundo a través de chilenos desconocidos que viven en ellas, repasando sus historias, su vínculo con Chile y la eterna pregunta de si alguna vez volver.
Aunque con los años también cayó en ciertos vicios del género —porque su estructura ya es reconocible, algo esperable considerando que se acerca a su octava temporada—, el programa ha sido capaz de sostener un sello que otros espacios culturales perdieron, o derechamente nunca tuvieron. Sigue siendo de los pocos formatos donde existe una idea clara detrás del viaje.
Otro caso aún más particular es El Peregrino de Jorge Said, que busca temas mucho más profundos, como la religión, conflictos culturales y espiritualidad. Said no aparece como un animador “viviendo experiencias”, sino como un observador que intenta entender los lugares que visita. Ahí está su gran diferencia.
También es importante mencionar 2 formatos de viajes de realizadores nacionales que destaco de YouTube, que son los canales de Benja Estibill y Claux.7, ambos presentan lugares con historias ocultas, pero desde miradas muy distintas. Aportando autoría e identidad a la actual oferta de programas de viajes.
Quizás el gran problema de la televisión cultural actual, es que sus realizadores dejaron de observar y empezaron simplemente a viajar, para mostrar historias emotivas y paisajes impresionantes.
Por eso, el regreso en remasterizado de Al Sur del Mundo es tan emocionante, porque brinda a las audiencias la oportunidad de regresar a aquella época cuando viajar no solo significaba mirar, y mostrar paisajes no era sinónimo de contar algo.




