Taller de cine comunitario para personas mayores

Cineastas de blanco platino: “Los adultos mayores necesitamos actividades para no borrarnos”

A sus 80 años, Ismael Araya es presidente del Club de Adulto Mayor del Almendral de la comuna de Pudahuel. Son casi las 10 de la mañana y prepara la junta de vecinos para recibir a sus compañeras y compañeros del taller de cine comunitario, o más bien, a su equipo audiovisual. 

Taller de cine comunitario para personas mayores en el Club de Adulto Mayor del Almendral de la comuna de Pudahuel
Taller de cine comunitario para personas mayores en el Club de Adulto Mayor del Almendral de la comuna de Pudahuel.

En su infancia, no sabía mucho sobre cines, porque vivía en el campo. Pero al hacer memoria, recuerda el ruido de la maquinaria del proyector, que desde su punto de vista de niño rural era algo aterrador. Particularmente, quedó grabada en su memoria una experiencia sacada de una película de terror; en un primer plano, una locomotora avanzaba a toda velocidad directo a la pantalla grande: “Yo salí arrancando, porque pensaba que me iba a atropellar”.

A toda velocidad, llega en moto Iraima Rodríguez, junto a su hijo. Tiene 74 años, es migrante venezolana y vive en Santiago Centro; antes de hacer cine, ya se desempeñaba como actriz. Asegura haber visto todas las películas de su país de origen, menos una. 

De  niña, Marisol Orellana soñaba con ser actriz de cine. Ahora tiene 69 años, es muy risueña y llega con cabestrillo producto de una lesión. Recuerda que el Cinerama de Santa Lucía “era tan especial que uno se sentía dentro de la película”; allí fue a ver Jesucristo superestrella.

El Cinerama consistía en la una unión de tres proyecciones contiguas sobre una gran pantalla curva
El Cinerama consistía en la una unión de tres proyecciones contiguas sobre una gran pantalla curva.

Gladys Cañas es un poco tímida y de bajo perfil. De niña le gusta el cine, “porque era como viajar”, que es lo que más disfruta hasta hoy, con sus 71 años. Ya no va mucho a las salas, porque le carga el ruido de la gente comiendo cabritas.  

El último en llegar fue Juan Monardes, un poeta de 87 años. En San Miguel, junto a sus 8 hermanos y hermanas, iba a las proyecciones que realizaban los “curitas” en un colegio al aire libre. Iban tanto que los tenían que echar, así que les tocaba ver La patrulla juvenil a lo lejos y desde atrás de la pantalla. 

Juan e Ismael son compadres, folcloristas y fundadores del club del Almendral en el 2005. Ambos dirigentes sociales, antes de que Barrancas se fundara, cuando solo era una toma de terreno. Junto a doña Bruni, otra vecina del sector, debutaron actuando en una adaptación de Casablanca, el primer piloto del taller de cine comunitario para personas mayores de la fundación Aquí Nos Vemos.

Juan e Ismael interpretando Casablanca.
Juan e Ismael interpretando Casablanca.

Una vez más, el equipo audiovisual de personas mayores se reúne. Pero esta vez, la cámara queda de lado, porque vienen a contar su historia.

“Una cosa sanadora”

Susana Díaz y Nicolás González son monitores de Pudahuel, formados en la metodología 3C3M (3 Componentes y 3 Momentos), creada por Ricardo González, cineasta y fundador de la fundación Aquí Nos Vemos, que cumple 11 años. Los monitores son parte del equipo que guía a quienes participan de los talleres de cine, ya sean jóvenes, personas mayores o mujeres migrantes y no migrantes.

Vecinos de Pudahuel en el Taller de cine comunitario para personas mayores de la fundación Aquí Nos Vemos.
Vecinos de Pudahuel en el Taller de cine comunitario para personas mayores de la fundación Aquí Nos Vemos.

En el caso de las personas mayores, “nosotros los asesoramos en la medida en que necesitan. Veníamos a verlos y la fundación siempre ha estado presente en cuanto a todo lo que necesitan, como los equipos, la edición de sus creaciones para llegar a un resultado”, explica Susana.

Pero en el año 2024, al no poder darle continuidad a los talleres por financiamiento, la fundación entregó al Club de Adulto Mayor del Almendral una cámara y trípode para que pudieran seguir filmando. Según Susana, a partir de ahí, Ismael y Juan fueron pioneros y crearon el primer colectivo de cine autogestionado de personas mayores, el Colectivo de Cine Unión y Alegría, el cual está bajo el alero del club del Almendral.

Encuentro comunidad de Aquí Nos Vemos.
Encuentro de la comunidad de Aquí Nos Vemos.

Según Nicolás, la importancia de estos talleres es que “en la creación colectiva se van reconociendo con el otro, es decir, las dificultades del otro también existen en mí y facilitan sentirse parte de un todo”.

A Gladys la invitaron al taller en el CESFAM: “En esos días estaba súper mal, porque estaba empezando el taller de cine cuando me entero de que mi hijo tiene cáncer. Pero esto me ayudó a hacer otras cosas y me contenían. Me ha ayudado mucho participar”. 

La psicóloga clínica comunitaria y presidenta de Aquí Nos Vemos, Marjorie Braniff, explica que “aprender cosas que pueden verse lejanas, como el uso de la tecnología, mejora su autoconfianza y autoestima, y ese es el objetivo”.  En paralelo, se busca que “en la medida que hacen cine, expongan la memoria, la creatividad, la queja; eso es importante”. 

Durante 8 meses, este grupo de personas mayores participó en el taller y fueron formadas en apreciación y realización audiovisual. Al finalizar, los alumnos se graduaron y obtuvieron   una certificación. Para Ismael, “esta fue una gran experiencia, porque cuesta mucho salirse de la rutina”. 

Para él, lo mejor fue la reacción de su familia al graduarse: “Mi hijo se enorgulleció mucho y a mi nieta le encantó. Eso me motivó a seguir con el cine”. La experiencia del cine comunitario le demostró a Marjorie que “el enfoque de la cámara te muestra la mirada de quienes crean y a ellos les cambia el mundo”. 

Comunidad Aquí Nos Vemos.
Encuentro de la comunidad Aquí Nos Vemos.

Ricardo es crítico en cómo el sistema solo asiste a las personas mayores: “Los llevan al kinesiólogo, a tomar té, pero cada uno de los participantes tiene las tremendas historias. Creo que construir el relato de lo que ha sido tu vida es una cosa sanadora en todo sentido”.

Después de un largo tiempo, Juan está agradecido de este reencuentro con sus compañeros de taller: “Estoy muy contento de ver a personas con las que trabajamos el cine. Esto es una actividad y nosotros los adultos mayores necesitamos actividades para no borrarnos”.

“Recordar es vivir

Aquí Nos Vemos comenzó trabajando con jóvenes en el 2015 y en el 2023 se hizo el piloto con los vecinos mayores del Almendral. Se hizo un llamado a través de la Unión Comunal de Clubes de Personas Mayores de Pudahuel y el taller se fue esparciendo de boca en boca. 

La señora Gina, quien falleció, invitó a Juan e Ismael, en su calidad de artistas: “Hay una agrupación de cine para adulto mayor que va a filmar Casablanca y necesitamos personas como ustedes, actores”, les dijeron. 

La señora Bruni interpretó a Ilsa y Juan a Rick. Según recuerda Ricardo, “a veces, Juan le tiraba los cortes a Bruni en el taller”, “se hacían ojitos”, recuerda Marjorie, e Ismael agrega: “Don Juan es peligroso en el área”.

Juan y Bruni en la adaptación de Casablanca.
Juan y Bruni en la adaptación de Casablanca.

Por otro lado, al poco tiempo de dejar Venezuela, Iraima ingresó al taller. A diferencia de sus compañeros, participó de un piloto de Aquí Nos Vemos en la comuna de Santiago; por la distancia, no participa del Colectivo de Cine Unión y Alegría de Pudahuel, pero asegura que siempre está al pendiente de los trabajos y logros de sus pares. 

Su hijo migró antes a Chile y su única contención fue Tobías, un perro que le dejó a cargo. Ese vínculo fue la inspiración para su cortometraje: A Tobías. “Yo agarré la historia de mi perro, yo misma hice todas las tomas y las ideas. Peleé con la fotografía para ver cuál es la que realmente decía lo que yo quería expresar”. 

Tobías falleció. Al final del corto, Iraima se despide al cielo; ese ejercicio “me permitió superar la depresión del perro y eso no tiene nombre, porque eso no lo hice con psiquiatra, eso no lo hice con psicólogo, eso no lo hice con nadie, eso lo hice con la creación”.

Un día en la micro, una vecina le pasó el dato a Marisol: “Me sirvió mucho esto porque uno aprende cada día más y recordamos, y recordar es vivir. Eso es ayudarnos a nosotros a no perder la mente, porque estar inactivo cada día te va pereciendo más”. 

Para Juan, el taller “significó educación, entusiasmo para actuar, escribir, cantar y recordar esos tiempos antiguos del cine. Para mí significó un adelanto para el ser humano”.

Juan exponiendo en ciclo de cine comunitario.
Juan exponiendo en ciclo de cine comunitario.

Todos añoran esas jornadas de cine en el taller de Aquí Nos Vemos, que se realizaban todos los jueves, a las 10 de la mañana. “Yo de verdad extraño este taller, creo que es el único que me ha gustado harto. Uno tiene tantas cosas que contar y escribir. Ojalá que siguiéramos, eso me encantaría”, expresa Marisol. 

Ricardo González vislumbra un problema más estructural: “Vivimos en una sociedad que tiene una visión de las personas que son válidas mientras tengan la capacidad de producir y consumir. Entonces las personas mayores tienden a ser desechables y el trabajo que se hace hacia ellas es más bien asistencialista”.

“Encontraron que esto era una pérdida de recursos”

La conversación dentro de la junta de vecinos fluye por horas, pero Juan interrumpe, exige saber cuál será el destino del taller de cine comunitario para adultos mayores, el cual dejó de funcionar desde el año 2024. Ricardo, lamentablemente, le recuerda que el programa no tiene financiamiento.

“Hemos presentado propuestas en varias municipalidades, pero la respuesta es siempre la misma: ‘Es maravilloso, es único e innovador’. Después te dicen que no hay plata”, declara con molestia Marjorie.

Todo comenzó en el 2015, como un proyecto que presentó la presidenta de la fundación al Servicio de Salud Metropolitano Occidente para intervenir con jóvenes en los Centros de Salud Familiar. Luego, el Ministerio de Salud continuó financiando los talleres, pero en el gobierno de Sebastián Piñera lo perdieron. 

Realización del cortometraje El comienzo de un gran sueño.
Realización del cortometraje El comienzo de un gran sueño.

La Corporación de Pudahuel quería seguir y financió hasta el 2024.  “Para el 2025 habían aprobado el financiamiento, pero hicieron un cambio y lo cortaron cuando ya estaba el equipo y todo planificado”, transparenta Ricardo.

“Con el cambio de gobierno, encontraron que esto era una pérdida de recursos, que era algo muy subversivo. La verdad, lo único que hacemos es entregar las herramientas para que se expresen”, agrega Marjorie.

Aun así, los cortometrajes producidos por estas cineastas lograron ver la luz, gracias a su autogestión, con la ayuda de la fundación. En el 2025, se enviaron 2 cortometrajes realizados en el taller para personas mayores y en el taller de mujeres migrantes y no migrantes (este último, compuesto en su mayoría por personas mayores también) al Festival de Cine Social y Comunitario Invicines de Córdoba, Argentina. 

Extracto de cortometraje El comienzo de un gran sueño.
Extracto de cortometraje El comienzo de un gran sueño.

Tabú y El comienzo de un gran sueño fueron seleccionados en el certamen. “En ese momento, el municipio ya había cortado los recursos de un momento a otro, sin explicación alguna”, comenta Nicolás. “No hubo ni un apoyo desde el municipio, ni una consulta, y eso que íbamos representando al Cesfam Raúl Silva Henríquez, porque ahí nos juntábamos”, comenta Gladys. 

Mediante peñas, rifas y completadas se juntó la plata, para que las realizadoras pudieran viajar junto a su monitora, Susana. Ella relata que lo impactante fue que en Córdoba había muchos jóvenes cineastas, “pero ninguna experiencia realizada por personas mayores mujeres. Entonces, creo que eso fue una gran diferencia en nuestra participación”.

Integrantes del taller de cine comunitario para personas mayores y de mujeres migrantes y no migrantes en Festival Invicines.
Integrantes del taller de cine comunitario para personas mayores y de mujeres migrantes y no migrantes en Festival Invicines.

Participaron de visionados y conversatorios; los jóvenes no podían creer que ese grupo de señoras había creado los cortometrajes. El festival les otorgó el reconocimiento al “Amor y Alegría”.

“Fue la mejor experiencia de mi vida”, exclama Marisol. Pero sin lugar a dudas, la más emocionada fue Gladys, porque le encanta viajar. “En Argentina nos quisieron mucho, eran puros lolos, nos abrazaron y nos dijeron que gracias al cortometraje habían entendido a su mamá, porque Tabú habla de la menstruación en el tiempo de nosotras, cuando todo era oculto, que nada se podía decir, que le teníamos miedo a dar un beso porque nos podíamos embarazar”, relata; en este punto, Gladys ya perdió su timidez.

Gladys en el cortometraje Tabú.
Gladys en el cortometraje Tabú.
«Ahora seguimos creando«

José y Gloria son una dupla emblemática del taller. Él llegaba con su burrito, se demoraba, pero llegaba a todas las sesiones; se especializó en hacer sonido con su burrito al lado. Ella tenía un trastorno neurológico que le causaba temblores en su cuerpo, por lo que le costaba mucho sostener la cámara; nunca antes había filmado. 

“Después teníamos que quitarle la cámara, filmó a su nieta, entrevistó a las hijas; aprendió a sentirse segura”, comenta Ricardo. Gloria enviudó en el proceso, pero no faltó nunca; enferma o con gripe, llegaba igual.

“Salud mental es bienestar, es tener ganas de vivir y sentirse bien consigo mismo, en la mañana decir que bueno, otro día más. Por ello, uno de nuestros objetivos es romper con el abandono, con la percepción de soledad. Acá los invitamos a crear; esto te permite rescatar su creatividad, su memoria olvidada, porque la sociedad del consumo te dice ‘oye, tú no eres nadie’, pero no es así, sí soy, porque tengo una historia”, explica Marjorie.

“Yo soy defensor de adulto mayor”, dice con orgullo Juan; en los talleres aprendió algo que nunca había hecho: filmar. “Yo conocí el cine por Aquí Nos Vemos”, agrega. 

Por su parte, Gladys aprendió “técnica, rotoscopia, cosas que no tenía ni idea. A mí me encanta aprender”. Ella y Marisol miran con recelo a los grupos de la tercera edad tradicional: “Lo único que saben es jugar dominó, jugar cartas y comer y comer, entonces engordamos y engordamos y nos volvemos de puro consumo y no hay producción”.

Iraima está agradecida por esta oportunidad: “Nos abordaron con tanto respeto y delicadeza, sin restricciones al compartir su conocimiento, mientras nosotros dábamos pasitos”.

Finaliza este reencuentro; este grupo de cineastas de cabellos blanco platino debe retirarse del Club de Adulto Mayor del Almendral, algunos deben ir a consultas médicas, otros a preparar el almuerzo. Iraima tiene la última palabra: “Fue una experiencia muy grata desde el punto de vista de ser humano, de tener la oportunidad de crecer. Ahora seguimos creando y esa es la vida, hasta que se disponga otra cosa”.

Integrantes del Taller de cine comunitario para personas mayores en el Club de Adulto Mayor del Almendral: (De izquierda a derecha) Iraima Rodríguez con su hijo,  Marjorie Braniff, Marisol Orellana, Ricardo González, Ismael Araya, Juan Monardes, Gladys Cañas, Nicolás González y Susana Díaz.
Integrantes del Taller de cine comunitario para personas mayores en el Club de Adulto Mayor del Almendral: (De izquierda a derecha) Iraima Rodríguez con su hijo,  Marjorie Braniff, Marisol Orellana, Ricardo González, Ismael Araya, Juan Monardes, Gladys Cañas, Nicolás González y Susana Díaz.

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